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Programa 11 de septiembre de 2008

Poesia





Para Matar al Hombre de la Paz
/ Mario Benedetti

Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla,
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que congregar todos los odios
y además los aviones y los tanques,
para batir al hombre de la paz
tuvieron que bombardearlo hacerlo llama,
porque el hombre de la paz era una fortaleza



Para matar al hombre de la paz
tuvieron que desatar la guerra turbia,
para vencer al hombre de la paz
y acallar su voz modesta y taladrante
tuvieron que empujar el terror hasta el abismo
y matar mas para seguir matando,
para batir al hombre de la paz
tuvieron que asesinarlo muchas veces (Mauricio)
porque el hombre de la paz era una fortaleza,

Para matar al hombre de la paz
tuvieron que imaginar que era una tropa,
una armada, una hueste, una brigada,
tuvieron que creer que era otro ejercito,
pero el hombre de la paz era tan solo un pueblo
y tenia en sus manos un fusil y un mandato
y eran necesarios más tanques más rencores
más bombas más aviones más oprobios
porque el hombre de la paz era una fortaleza



Para matar al hombre de la paz
para golpear su frente limpia de pesadillas
tuvieron que convertirse en pesadilla,
para vencer al hombre de la paz
tuvieron que afiliarse siempre a la muerte
matar y matar mas para seguir matando
y condenarse a la blindada soledad,
para matar al hombre que era un pueblo
tuvieron que quedarse sin el pueblo.

Poesía

  • Poesía





    " A media pierna "


    Le pusieron un grillo a media pierna
    Lo condenaron a vivir a medias
    Le escondieron la paz, y la sonrisa
    Le pusieron el pan a media rienda
    Pero él seguía caminando.

    Le vendieron la luna, cada noche
    Lo fueron lentamente atornillando
    Le tuvieron las manos ocupadas
    Le sumaron la pena y las estafas
    Pero él seguía caminando.

    Le pusieron las piedras por delante
    Le taparon la boca, por si acaso
    Le abrieron una herida por la espalda
    Le sumaron olvido a la condena
    Pero él seguía caminando.

    De lejos, bien mirado
    cuando ya era horizonte,
    se asemejaba al viento,
    aunque según parece
    él caminaba potente como el Pueblo!

    Hamlet Lima Quintana

    • Poesias - Bertolt Brecht

      >Poesía

        Canción de Cuna


        Hijo mió, poco importa lo que llegues a ser
        los palos contra ti ya lo tienen preparados
        Porque a ti, hijo mío, en este mundo
        solo te espera el basural, y ya está ocupado.

        Hijo mío, escucha lo que tu madre te dice:
        A ti te espera una vida peor que la peste.
        Pero yo no te he llevado tanto tiempo dentro mío
        para que lo soportes todo tranquilamente.

        Lo que no tienes, no lo des por perdido.
        Lo que no te den, consíguelo cueste lo que cueste.
        Yo, tu madre, no te he parido
        para que de noche duermas bajo los puentes.


        Quizá no estés hecho de una pasta especial.
        No tengo dinero para ti, ni te dedique oraciones.
        Mi confianza eres tú mismo, y espero no verte mal,
        pidiendo en la oficina pública mientras tu vida se hace jirones.

        Las noches en las que sin cerrar los ojos me acuesto a tu lado
        y mi mano hacia tu pequeño puño se estira,
        pienso en las guerras que contigo ya tienen planeadas.
        ¿Qué tengo que hacer para que no creas sus sucias mentiras?

        Hijo mío, tu madre nunca te ha engañado,
        haciendo te creer que eres diferente.
        Te crió con mil sacrificios, y no para verte colgado
        de una alambrada de púas gritando por agua, casi inconsciente.

        Por eso, únete a los tuyos, hijo mío,
        juntos hagan polvos sus dementes sueños de poder.
        Tu y yo, y aquellos que son como nosotros,
        tenemos que lograr de una vez por todas
        que no haya en el mundo dos clases de personas.


        Bertolt Brecht


        Desmirar - Texto de Eduardo Galeano -

        Hacía más de un año que Betina Benavídez no conseguía levantar los párpados. El médico del hospital creyó que podía ser un caso de miastenia, una enfermedad rara; pero los análisis de sangre y todos los exámenes decían que Betina era una joven saludable. Tampoco el oculista encontró nada; y Betina seguía día y noche con los párpados caídos, encerrada en la chacrita de su familia, en las afueras de Montevideo.¿Sería una huelga de ojos? ¿Los ojos se habían cansado de mirar, y habían perdido las ganas de seguir mirando? Vaya uno a saber: el hecho es que después también el corazón se cansó de latir, y perdió las ganas de seguir latiendo.Ciega del mundo, Betina murió a la medianoche del 31 de diciembre de 2000, mientras morían el año, el siglo y el milenio, quizás cansados de mirar y ver lo que veían.


        Persecuta - Texto de Mario Benedetti -

        Como en tantas y tantas de sus pesadillas, empezó a huir despavorido. Las botas de sus perseguidores sonaban y resonaban sobre las hojas secas. Las omnipotentes zancadas se acercaban a un ritmo enloquecido y enloquecedor.Hasta no hace mucho, siempre que entraba en una pesadilla, su salvación había consistido en despertar, pero a esta altura los perseguidores habían aprendido esa estratagema y ya no se dejaban sorprender.Sin embargo esta vez volvió a sorprenderlos. Precisamente en el instante en que los sabuesos creyeron que iba a despertar, él, sencillamente, soñó que se dormía.




        Reprimenda - Hilda (vecina de la Asamblea Popular Cid Campeador)

        Homenaje a Darío Santillán y Maximiliano Kosteki
        ¡Te arrojaste ciegamente en brazos de la fatalidad!¿Qué te llevó, Darío, al Puente Pueyrredón?¿Acaso no te dijeron que las calles tienen dueño?¿Nadie te advirtió que entre rocauf y franchoto te iban a atenazarf?¿Acaso no sabías que al "fondo" no le gustan los rebeldes idealistas?¡Si por lo menos hubieses ido por un redescuento para un banco necesitado!¿Y quién te dijo que llevaras ese palo, esa honda, para hacer frente a las balas de metal?¡Mira que eres agresivo, rasguñarle la oreja al pobre comisario, que venía zafando de tantas!¿No podías quedarte con tu horno de bloques con pretensión de ensamblar la arquitectura nacional?¿Por qué querías ayudar a los que otros quieren eliminar?¿Qué impulsó a un joven tan pintón y preparado a salir de correrías con los hambrientos?¿Qué te movió a luchar con los que menos tienen, si como "puntero" hubieses estado bien pagado?¿Y vos, Maxi, tenías que caer justo ahí, para incomodar el trabajo de los hombres del orden?¿No podías quedarte con tus pinturitas a cocinar tu rebeldía en el horno de pan a bajo precio?Parece que todo respondía a un plan macabro:poner la espalda solidaria, para que los maten como a perros,en un gesto superlativo al precio de la existencia,pensando que lo mejor sólo se consigue con grandes dolores......y todo eso por no aprender a morir de a poco...

        "El Experto Internacional" - de Eduardo Galeano

        Escuché esta historia en diversos lugares, atribuida a diferentes personas, por lo que sospecho que cualquier parecido con la realidad ha de ser mera coincidencia.He aquí la versión que recibí en la Dominicana.Piaban los niños y los pollitos alrededor de doña María de las Mercedes, que cloqueando arrojaba granos de maíz a sus gallinas. En eso estaba ella, aquel día como todos los días, cuando un automóvil emergió, resplandeciente, desde una nube de polvo en el camino que venía de Santo Domingo.Un señor de traje y corbata, maletín en mano, le preguntó:—Si yo le digo, exactamente, cuántas gallinas tiene, ¿usted me da una?Ella hizo una mueca.Y acto seguido él encendió su computadora Pentium IV de 1.5 gb, activó el gps, se conectó por teléfono celular con el sistema de fotos satelitales y puso en funcionamiento el contador de pixels:—Usted tiene ciento treinta y dos gallinas.Y atrapó una y la apretó entre los brazos.Entonces, doña María de las Mercedes Holmes le preguntó:—Si yo le digo en qué trabaja usted, ¿me devuelve la gallina?Él hizo una mueca. Y ella dijo:—Usted es un experto de una organización internacional.Recuperó su gallina y explicó que era fácil, cualquiera se daba cuenta:—Usted vino sin que nadie lo llamara, se metió en mi gallinero sin pedir permiso, me dijo algo que yo ya sabía y me cobró por eso.